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A un paso de la primera terapia contra la distrofia miotónica de tipo 1

Publicado el 27/02/2020

En el mundo, 300 millones de personas sufren o sufrirán, en algún momento de sus vidas, una enfermedad clasificada como ‘rara’, es decir, muy poco común. Una de ellas es la distrofia miotónica de tipo 1, una enfermedad neurodegenerativa de origen genético de consecuencias a menudo devastadoras y que todavía no tiene tratamiento.

Con motivo del Día Mundial de las Enfermedades Raras, hablamos con Rubén Artero, que lidera el proyecto TATAMI, seleccionado con una ayuda de investigación en salud Health Research 2018 de ”la Caixa”, y con Beatriz Llamusí, que, además de ser también investigadora del proyecto, recibió una ayuda CaixaImpulse en el 2017 para valorizar el enfoque terapéutico que han desarrollado en su lucha contra la enfermedad. Ambos, junto con su equipo del Grupo de Genómica Traslacional del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, vinculado al Departamento de Genética de la Universidad de València, diseñan un primer tratamiento efectivo que, además, podría permitir tratar otras enfermedades raras e incluso algunos cánceres que comparten un mecanismo molecular común.

¿Cuáles son los retos a los que debe enfrentarse una persona que padece esta enfermedad?

BEATRIZ: La distrofia miotónica de tipo 1 produce defectos en el sistema nervioso, la musculatura esquelética y el corazón que, a la larga, provocan fallo cardíaco y respiratorio. Pero también afecta a la cognición y por eso las personas que la sufren son personas apáticas, que siempre se sienten cansadas y somnolientas. Puede manifestarse a cualquier edad y, de hecho, cuanto antes lo haga, peor diagnóstico tendrá. Es una enfermedad compleja. Sus síntomas varían mucho de persona a persona y esto hace que sea mucho más difícil encontrar un tratamiento. 

Sin embargo, vuestro proyecto está cerca de desarrollar un primer fármaco efectivo.

RUBÉN: Así es. El origen de la enfermedad está en una mutación genética que hace que unas proteínas, llamadas MBNL1 y MBNL2, estén secuestradas. Sin estas proteínas, las células no funcionan bien y se dan los síntomas de la enfermedad. Nosotros descubrimos que, además de la mutación, en las células de los pacientes también hay dos moléculas reguladoras, de tipo microRNA, que impiden que se produzca más cantidad de estas proteínas para compensar a las que están secuestradas. Y se nos ocurrió que, si éramos capaces de inhibir a estos microRNA, podíamos hacer que las células produjesen MBNL1 y MBNL2 y, con eso, revertir los síntomas de la enfermedad.

¿Y lo habéis conseguido?

BEATRIZ: De momento, hemos logrado revertirlos en cultivos celulares y en modelos murinos. Para ello hemos diseñado y patentado moléculas que actúan como antagonistas de estos microRNA. Se unen a ellos y los bloquean. Son lo que se denominan ‘antagomiRs’. Nuestro enfoque terapéutico es totalmente innovador, puesto que la acción de estos microRNA en la distrofia miotónica de tipo 1 antes no se conocía y, por tanto, no teníamos esta diana contra la que luchar. 

¿En qué fase del proyecto estáis?

BEATRIZ: Hace tres años fuimos seleccionados en el programa CaixaImpulse, lo cual nos permitió hacer un plan de valorización de nuestra idea, para ver si era viable llevarla al mercado y convertirla en un tratamiento para pacientes. Eso fue solo inicio. Después, con una ayuda a la investigación del programa Health Research, también de ”la Caixa”, hemos conseguido hacer el desarrollo preclínico. Pronto comenzaremos a probar el fármaco con pacientes humanos. Gracias a estas ayudas, hemos creado una empresa ‘spin-off’ llamada Arthex Biotech, vinculada a la Universidad de València, que continuará con el desarrollo del tratamiento.  

RUBÉN: Hemos diseñado unas 100 moléculas distintas y las estamos probando en el laboratorio, para seleccionar la mejor candidata para el fármaco. Es decir, que estamos en un proceso de selección de la más específica, eficaz y segura, para después llevar a cabo con ella un primer ensayo clínico con humanos. 

La colaboración de las asociaciones de pacientes, cuando se trabaja en enfermedades raras, debe ser esencial.

RUBÉN: Para nosotros su apoyo es muy importante porque permiten aunar esfuerzos y generar sinergias entre los afectados de distintas partes del mundo. También hemos contado con la colaboración de otros grupos de investigación. Además del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, del que nuestro equipo forma parte, participan en este proyecto el Instituto de Bioingeniería de Catalunya (IBEC), la Universidad de Oxford, el Instituto Imagine de París y Biodonostia.  

BEATRIZ: Nuestra investigación, además, abre puertas para desarrollar tratamientos contra otras enfermedades genéticas en las que están implicados mecanismos moleculares similares, como la ataxia espinocerebelosa de tipo 8 y la enfermedad del cromosoma X frágil. Además, las proteínas MBNL se relacionan con distintos tipos de cáncer; en concreto, cáncer de mama y hepatocarcinoma. Así que, a partir de este trabajo, a la larga, se podría ofrecer posibilidades de tratamiento para muchas personas. Estamos muy emocionados con este enfoque terapéutico.     


Equipo del proyecto Tatami. De izquierda a derecha: Beatriz Llamusí, María Sabater, Irene González, Nerea Moreno, Estefanía Cerro, Jorge Espinosa, Piotr Konieczny, Sarah Overby, Arturo López, Águeda Blázquez, Iván Gimeno y Rubén Artero. Crédito: Arturo López

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Categoría:

Investigación